Cicle d’aproximació a la mirada feminista

¡Os traigo novedades!

Durante todo este curso 2019/2020 voy a hacer un curso de lectura feminista (y en realidad de debate sobre temas de la actualidad utilizando como excusa el feminismo) en la emblemática librería de Barcelona NO LLEGIU. 

Para más info del curso os dejo por aquí la web de inscripción:

http://www.nollegiu.cat/inscripcio/cicles-que-farem/cicle-daproximacio-a-la-mirada-feminista/

La librería se encuentra en el barrio de Poblenou, en el carrer  Pons i Subirà, 3.

En pijama a los Goya 2019 para denunciar el machismo: ¿por qué las estrellas no se atreven?

En Elespanol.com me preguntaron sobre los Goya y las performances feministas. Aquí mi opinión.

“Yo respeto mucho a la gente que hace cine en este país, pero tienen mucho que perder y no se implican. Es un mundo muy cerrado donde ser tú misma o expresarte, u opinar políticamente… está mal visto. Es el rollo feminismo bienqueda. Esto de ‘nos metemos un poco en la ola sin llegar hasta el fondo, así comeremos igual’. Es la pequeña queja”. 

https://www.elespanol.com/cultura/cine/20190201/pijama-goya-denunciar-machismo-estrellas-no-atreven/372714107_0.html

Las feministas, contra ‘Juego de Tronos’: «Han vuelto loca a Daenerys para deslegitimarla»

La portentosa (porque cualquier otro nombre se le quedaría pequeño), Lorena G. Maldonado me preguntó sobre el final de Juego de Tronos y la chaladura de Daenerys Targaryen. Y obviamente defiendo la tradición del terror rojo y esas cosas que los comunistas solemos hacer, me faltó decirle que la rompedora de cadenas para mi gusto quemó muy poco.

Aquí alguna de mis intervenciones:

Si somos feministas también tenemos que ser feministas para esto: hay mujeres malas y tenemos que asumir la condición humana. Perfecto. Pero la verdad es que hay una tendencia a enloquecer a las mujeres y creo que eso es misoginia pura. Ahí todas las heroínas trágicas. Y las románticas: Bovary, Ana Karenina… o se mataban, o mataban a sus hijos, o Karenina se tiraba debajo de un tren porque se vuelve loca por amor. Estamos cansadas de la misma historia”

“No hay que idealizar la serie ni beatificarla a ella. Para que llegue el progreso hay que hacer revoluciones, y las revoluciones traen cosas malas también. Aquí hay dragones, fuego y ejércitos. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Con flores?”. Cree que Daenerys puede ser feminista y tirana a la vez. “Ha matado a inocentes, y no la estoy justificando, pero, ¿cuándo no mueren inocentes? Nunca hemos vivido en una Arcadia feliz”

Y aquí el artículo:

https://www.elespanol.com/cultura/series/20190519/feministas-juego-tronos-vuelto-loca-daenerys-deslegitimarla/399460447

 

Se querían

Aquella cerda no dejaba de hablar. Tenía que hacer que se callase. Así que la maté. Supongo que todas las historias de amor terminan igual.

Estábamos en su casa. Habíamos acabado allí como siempre. Ella buscando un polvo rápido y sentirse menos sola, yo queriéndola enamorar. Le había follado con mucho amor y ella había hecho ver que le había gustado. No me había despreciado, eso era suficiente. Llegamos a su piso  –una puta caja de cerillas en Besòs Mar, llena de mierda y gatos–. Me besó. Estàs molt sexy aquesta nit, cari. ¿Tú te has visto? Ven aquí. La estiré con fuerza. Le quité como pude la camiseta. Ella hizo lo mismo con mi falda. Fora. Així millor. Claro, cielo. La besé. Me mordió el labio. Clavó sus ojos en mí. Puta, qué ojazos azules tan preciosos tienes. Mierda, no os he acabado de explicar cómo acabamos así. Total que follamos. De pena, pero lo hicimos. Mucho rollo con el feminismo pero la cabronaza no había aprendido a comer un coño en condiciones.

2 de la madrugada. Me  abraza. Soy feliz. Está dormida. Tengo la boca seca, necesito beber agua. Aprovecho y voy al lavabo. Me levanto. Trato de no hacer ruido, pero se despierta. On vas? Tinc set. No vagis descalça, cari. Ara torno. Me lanza un beso. Se tapa con la sábana y cierra los ojos.

Cuando estoy meando cojo y miro el móvil. Algunas llamadas sin importancia y mil mensajes de colegas y locos del Twitter. No contesto. Pasando. Miro el último mensaje que le había enviado antes de que me llamase borracha y acabáramos en su casa. ¿Por qué narices no me había contestado? Vaya pedazo de imbécil. Me subí las bragas y tiré de la cadena. Entiendo que yo sea una putamierda y ella no me aprecie, pero ¿despreciar a Vicente Aleixandre? No podía permitirlo.

Bebí agua.

Cuando volví estaba la luz encendida. Miraba el móvil.

La verdad, no sé qué coño seguía haciendo allí. Tendría que haberme largado antes de hacer aquella locura. Os juro que no me gusta el drama, es el drama que me busca a mí.

—¿Por qué no me contestaste?

—Què passa cari?

Si volvía a decir una vez más cari pensaba estrangularla con mis propias manos

—No te hagas la tonta. Ya sabes a lo que me refiero.

—Com?

—El mensaje.

—El missatge?

—Sí.

—Estàs molt intensita.

—Solo era un poema.

—Cari, això t’ho has de gestionar.

—¿Cómo?

Me puse encima de ella. Ya no sabía si quería matarla, follármela, o las dos cosas a la vez. Puto día en el que caí en tu embrujo, colega.

—Se querían…

—Com?

—Sufrían por la luz…

labios azules en la madrugada,

labios saliendo de la noche dura,

labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?

Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

—Escolta cuca…

Pensaba hacértelo escuchar, claro que sí. Esta vez no ibas a despreciar mi amor, zorra.

Se querían como las flores a las espinas hondas,

a esa amorosa gema del amarillo nuevo,

cuando los rostros giran melancólicamente,

giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

—Quina mandra, cari.

—Dime qué es lo que te da pereza exactamente.

—Va para, si us plau.

Se querían de noche…

Joder. Como tú y yo no hacemos.

Se querían de noche, cuando los perros hondos

laten bajo la tierra y los valles se estiran

como lomos arcaicos que se sienten repasados:

caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

—¿No tienes nada que decirme?

—Has de saber gestionar millor les emocions.

Si supiese gestionar mejor las emociones no dejaría que me tratases a palos, yendo detrás de ti como una puta perra y dándome sexo sucio y barato –y nada bueno, tengo que reconocer– a cambio de todo mi amor.

Se querían de amor entre la madrugada…

Lo que nosotras nunca tendremos.

Entre las duras piedras cerradas de la noche,

duras como los cuerpos helados por las horas,

duras como los besos de diente a diente solo.

Nos miramos a los ojos. Ella no entendía nada. Entonces lo entendí todo. Después de aquello las cosas se pusieron raras de cojones.

Intentó abrazarme.

—Cari, ho sento.

Se querían de día, playa que va creciendo,

ondas que por los pies acarician los muslos,

cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…

Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Esto ya no sabías como gestionarlo, ¿eh cabronaza?

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,

mar altísimo y joven, intimidad extensa,

soledad de lo vivo, horizontes remotos

ligados como cuerpos en soledad cantando.

Volví a ver el vacío en sus ojos. Algo muy frío. Helado. Como todo lo que adoraba la gente en aquellos días de mierda que nos habían tocado vivir. Como toda nuestra puta generación que solo sabía aplaudir el plástico y vivir en el eterno simulacro de unas existencias decadentes y psicodramáticas, por las que solo sentía asco.

—Sigues sin entenderlo, ¿verdad?

Amando.

Algo de lo que todos nosotros nos moriríamos sin saber qué cojones significaba.

Se querían como la luna lúcida,

como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,

dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,

donde los peces rojos van y vienen sin música.

Metió su mano por debajo de mi camiseta. Intentó tocarme los pezones. Me aparté. Ahora no tía. No vols? No comprendías nada. Me besó. La besé. Volví a caer en su trampa.

Se colocó encima mío. Clavó sus ojos azules –tan infinitos como insustanciales– en mí. Otra vez más. Tenía el coño empapado.

Oh, mierda, me hubiera gustado decirte tantas cosas… Supongo que siempre pasa igual en estos casos. T’agrada així? Sí claro, cuca. Ahora tenía sus dedos en mi coño. Estaba a punto de correrme.

Le agarré con fuerza el pelo. Me acerqué a ella. Le susurré al oído.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,

ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,

mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,

metal, música, labio, silencio, vegetal,

mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

La quería. Demasiado, sabedlo.

Antes de que pudiera reaccionar la cogí del cuello. Lo apreté con fuerza. Trató de escaparse como una rata –la que era–. Chillaba como una cerda pero la callé rápido empujándola contra la almohada. Silencio. De nuevo. Comenzó a patalear. Me arañó con sus uñas de gel –rojas y alargadas, con las que me había hecho daño al meter sus dedos en mi coño–. Se dejó de mover.

Me aparté.

Me había resultado más fácil matarla que quererla. No sé. Me tumbé.

¿Qué coño había hecho?

—Cuca, desperta.

Alguien me zarandeaba.

—Cari, va.

Abrí los ojos.